#44 Nada de flores
Cantitos y nudos en la garganta
Estoy de vacaciones, motivo por el cual las publicaciones durante febrero serán, si no esporádicas, probablemente impuntuales. Como en esta ocasión.
También, más que probablemente, surjan a partir de textos publicados antes en algún otro medio. En cualquier caso, para “Fui Rock” serán novedad.
El texto que sigue, por ejemplo, fue publicado originalmente unos pocos días atrás, en la edición de febrero de Desde la Boca, la revista que edita todos los meses mi Club Atlético Boca Juniors.
Tuve el honor de que me propusieran como escritor invitado y, por supuesto, dije que sí. ¿Qué otra respuesta podía caber?
Se titula “Nada de flores” y dice más o menos así.
“Cuando me muera no quiero nada de flores. ¡Yo quiero un trapo que tenga estos colores!”
Acá estoy, detrás del paraavalancha, de pie en los escalones azules de la Tercera Sur con mis hijos Simón y Miguel, uno a cada lado, los tres cantando, brazo en alto que se extiende y se contrae al ritmo del y dale, dale, dale, dale, dale Booo... Los miro de reojo. Me sé perfectamente la melodía. Llega de nuevo lo de cuando me muera no quiero nada de fiores. La parte del trapo que tenga estos colores no la alcanzo a entonar. Nunca pensé que la felicidad podía manifestarse con un nudo en la garganta.
Habíamos venido otras veces a la Bombonera, pero esta vuelta no es igual. Es todo nuevo y al mismo tiempo, como si no hubiesen pasado cuatro décadas desde aquel domingo de agosto cuando, también desde la tercera bandeja pero del otro lado, arriba de La 12, vi con mi papá allá, en el arco de enfrente, cómo Diego convertía en gol y en 1 a 1 el clásico contra Racing con el que salimos campeones del Metro 81. Pasaron casi cuarenta años y puedo sentir, oler, oír ese hilo invisible que une los puntos de mi historia, la de mi viejo y la de mis hijos, que es la de millones y a la vez es única. Se llama Boca. Boca de mi vida.
Me quedo un rato con el sonido. Vuelvo a aquello de cuando me muera no quiero nada de flores. Esa canción no sonaba en el 81.
“Al gallinero ya se lo prendimos fuego. A San Lorenzo lo corrimos en Boedo. A Avellaneda lo defiende un policía. Ay, qué putas que son las Hinchadas Unidas. Quiero que sepan que el Xeneize es mi alegría. Aunque no entiendan yo por Boca doy la vida. Cuando me muera no quiero nada de flores, yo quiero un trapo que tenga estos colores. Y dale, dale, dale, dale, dale Booo…”.
No me detendré en el significado textual y no figurado de cada verso: vivimos en una era en la que la literalidad deliberada tiene herida de muerte a la metáfora, pero me niego a darla por fallecida. La interpretación literal de absolutamente todo es una discapacidad intelectual que tiene arreglo, solo es cuestión de voluntad. Así que dale, sigamos.
La melodía en cuestión no se entonaba en las tribunas durante los 80 ni los 90 porque fue compuesta por Andrés Calamaro en 1999. Corresponde a “La parte de adelante”, y fue incluida en Honestidad brutal, álbum doble de 37 canciones con el que Andrés despidió los 90 para dar inicio a su etapa salmónida, fértil y excesiva en partes guales. “La parte de adelante” es el tema 3 del disco 1, y es uno de los al menos 10 hits del disco. Es popular desde entonces, pero alcanzó niveles extra de masividad a partir de 2006, con la versión ska que Los Fabulosos Cadillacs incluyeron en Calamaro Querido (Cantando al Salmón), el álbum tributo que contó con participaciones estelares de Joaquín Sabina, Los Auténticos Decadentes, León Gieco, Fito Páez y Litto Nebbia, entre muchos otros y otras.
“La parte de adelante” es un hit raro; no porque no sea pegadizo como un chicle en el pelo. Su rareza radica en la estructura de la canción: es pura estrofa sin estribillo, una particularidad que Andrés puso en práctica en otros clásicos de ese álbum como “Te quiero igual” y “Paloma”. Quizás en ese estribillo perpetuo radique parte de su encanto irresistible.
Es difícil establecer la fecha exacta en la que La 12 adoptó “La parte de adelante” para su playlist. Un detalle brinda pistas: la referencia las Hinchadas Unidas, una organización más o menos formal que, si funcionó, lo hizo entre 2010 y 2014, un poco antes del Mundial de Sudáfrica y hasta el Mundial de Brasil. Un video en Youtube arrima un poco más el bochín: presenta la letra bajo el título “Tema nuevo”. La fecha: 2 de septiembre de 2011. De ser así este año el hitazo cumple los 15.
El 5 de octubre de 2017, durante el partido contra Perú por las eliminatorias para el Mundial de Rusia que la Selección jugó en la Bombonera, también se escuchó la melodía de Andrés, pero la letra sufrió algunas modificaciones.
“A los ingleses los corrimos en todos lados. Los alemanes tienen miedo de cruzarnos. Ay, brasilero, no sabés la que te espera cuando vengas a jugar a la Bombonera. Por los colores de mi patria doy la vida como lo hicieron los soldados en Malvinas. Cuando me muera no quiero nada de flores, yo quiero un trapo que tenga estos colores. Y vamos, vamos, vamos Selección.”
No recuerdo que este remix se haya vuelto a cantar, pero mi memoria no es un lugar seguro así que tal vez sí.
Mi fanatismo por la música popular y mi pasado como periodista de rock me condenan desde siempre a buscar las raíces de las canciones de cancha, aún antes de la existencia de Shazam y aplicaciones por el estilo que le descubren la melodía a la más desafinada de la voces cantoras. Por ejemplo, me divierte citar la versión original de “Boca, mi buen amigo”, el tema con el que históricamente saludamos la salida del equipo y cuya letra reproducen puntualmente las pantallas del estadio. Es que la melodía proviene de “Boby, mi buen amigo”, jingle con el que la dictadura promovió el “Operativo Sol”, un plan policial para prevenir accidentes viales durante las vacaciones.
“Boby, mi buen amigo, este verano no podrás venir conmigo. Hoy escuché cuando papá decía que esta vez no te podrá llevar. Boby, no me extrañes mucho, pronto voy a regresar. Cuida todos mis juguetes. Boby, no te portes mal.”
¿El autor? Poggy Almendra, productor musical, compositor de canciones infantiles. No, las versiones que proponen “Escuchen, corran la bola” no le pertenecen.
Hay que reconocer la pregnancia de algunos de los jingles compuestos por el departamento de propaganda de los militares. Uno, en especial, quedó para siempre en nuestras manos gracias al 10. Qué otra hinchada podría cantar “Vale 10 palos verdes, se llama Maradona”. En 1980, para homenajear a los soldados en el Día del Ejército Argentino y ante la inminencia de una delirante guerra fronteriza con Chile, el gobierno militar lanzó “Carta para mi hermano”, jingle que volvió a difundirse hasta el hartazgo dos años después, durante la Guerra de Malvinas.
“Hoy le escribí una carla a mi querido hermano. Le puse que lo extraño y que lo quiero mucho. Mamá me ha contado que él es un buen soldado, que cuida las fronteras de la Patria”.
No es necesario afirmar que “Y cuando va a la cancha, La 12 le agradece todo lo que Dieguito se merece” es mucho más lindo que la letra original, ¿o si?
La genealogía musical del repertorio canchero es fascinante, un entretenimiento ideal para aburrir a hijos y nietos a partir de la pregunta “¿Saben de dónde viene el cantito (poner aquí el verso que mejor identifique el tema evocado)? A Simón y a Miguel suelo internarlos con comentarios por el estilo, aunque solo en ocasiones. A veces no me lo permite un nudo en la garganta.




Sobre el latino del momento
El domingo pasado hubo entrega de premios Grammy. Nunca les di demasiada bola, aunque recuerdo que algunos shows en ceremonias anteriores me despertaron cierto interés.
Este año, lo que más me llamó la atención fue un posteo en IG de Tweety González, crack total, productor, tecladista, músico y polemista. Tras haberse enterado de que Bad Bunny fue el máximo ganador de esta edición, Tweety escribió lo que sigue.
Venía leyendo muchas críticas tipo “esta vez está buenísimo” y, encima, con el empujón de que ganó un Grammy, me senté a escuchar DeBÍ TiRAR MáS FOToS de Bad Bunny entero. Primero, contexto: lo que vimos es un show de TV. El premio existe, pero está adaptado al show: guion, ritmo, sponsors, titulares. Tele con medalla.
Dicho eso, lo que más me hizo ruido fue la falta de agradecimientos (o al menos no a la altura del operativo). Porque acá no hay “genio solitario”: hay una multinacional creativa laburando para que parezca que todo salió de una sola cabeza.Si soy brutalmente justo, el mérito real se reparte más o menos así:
34% artista 33% compositores+productores 33% management-PR-booking.
Me fui a los créditos (porque ahí se termina el chamuyo) y en 17 temas la foto es fuerte: 7,5 autores por canción, picos de 14+, y 4,4 productores (con picos de 9).
Mi veredicto honesto: me gustaron 5 de 17canciones . Ojo: no está mal para hoy, donde muchos discos son carpeta de singles con estética de “álbum”.
Pero si vas a colgarte Álbum del Año, para mí tiene que ser obra de punta a punta, sin relleno.
Con Bad Bunny a días del Super Bowl, en pleno clima político/migratorio áspero en USA, la vara de popularidad se te va al techo y para mi eso influyó más de lo que sospechamos.
Por último, un saludo a toda esa sábana de compositores y productores, y también a los genios del management, PR y booking. Sin ustedes, no hay milagro.
Te lo dejo pensar. Yo todavía no escuché el disco de Bad Bunny. Al cierre de esta edición del NL tampoco había visto el show del latino-más-famoso-del-mundo en la final del Super Tazón. Lo poco que vi en redes es realmente impactante.
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Hasta la semana que viene… o tal vez la otra, o la otra, porque ya sabes que estoy en modo vacaciones y bueno.






